Un blog de Malena Millares

martes, 20 de marzo de 2012

COMPARTIENDO SUEÑOS

Hay momentos en la vida en los que nos hartarnos de algunas cosas, diciéndonos: ¡Basta!  Y yo ya me harté de estar contenida, de intentar ser políticamente correcta, de sentirme encorsetada, de no expresar más a menudo mis emociones, de no gritar y saltar de alegría cuando la felicidad me invade, bien por prudencia o Dios sabrá por qué, pero son momentos en los que el hartazgo también libera y reconforta.

Tras la tercera victoria consecutiva de la UD el sábado pasado, a falta de trece jornadas para concluir la temporada 2011-2012 y con la permanencia en la categoría casi conseguida, ya no quiero contenerme. Quienes me conocen saben de sobra que siempre intento ver el vaso medio lleno y no medio vacío, que soy optimista por naturaleza, pero además reconocen que no suelo dejarme llevar por la euforia, que apelo al sosiego y a la calma, intentando no desbordarme por los acontecimientos. Pero, en esta semana, como dice mi buen amigo Jaime, me estoy “desmalenando”, y es que me he hartado, temporada tras temporada, de estar contenida, ilusionada en cada comienzo, pero siempre moderando mis reacciones; así que he decidido darme un homenaje con el equipo de mi tierra: soñar e ilusionarme de nuevo con él ¿Por qué no? La Unión Deportiva Las Palmas tiene una hermosa historia acompañándola desde el año 1949, y le apoya una afición a la que le hierve la sangre, que está ávida de arroparla en la categoría que, por provincia, ciudad, número de habitantes, infraestructura, etc., merece militar ¡La Primera!

Posiblemente no llegue este año el ascenso, o quizás sí; no sé si perderemos en lo sucesivo varios partidos seguidos, o si, por el contrario, los que quedan por disputar nos reportarán los puntos necesarios para jugar la liguilla; nadie sabe qué podrá pasar, pero tengo claro que quien no arriesga ni gana ni pierde. Por eso, durante muchos días, voy a dejarme llevar por lo que ahora siento, y vivir el momento, y soñar conque este sábado el Estadio de Gran Canaria va a estar a reventar, como cuando jugamos con el Rayo Vallecano o en aquel partido entre las selecciones de Venezuela y España. Ningún equipo de fútbol, por poderoso que sea, sin seguidores que lo alienten, o con una afición protegiéndole, nada sería. El nuestro ha superado en muchas ocasiones enfermedades de todo tipo, Descensos, Embargos, Denuncias, Impagos, Insolidaridad, etcétera, hasta ha sido pionero con la Ley Concursal, y, casi desahuciado, ha resurgido como el Ave Fénix, resistiendo, merced a la generosidad de la riada humana que sigue apoyándole.

Es una realidad incuestionable que la vida está siendo dura para muchos, sin estabilidad, con un futuro incierto, aunque conscientes aún de que sin ilusiones y sin sueños no se puede seguir adelante; sin ellos sería como hacerle nudos al alma, lentamente, y no poder alcanzar nunca ninguna orilla. Así que no admito que nadie me alegue que ya es imposible otra meta, que es muy difícil lograr otro objetivo mejor. Me niego a escucharlo, porque me cansé de estar apagada, de no soñar despierta, y como las quimeras nada cuestan y a nadie dañan, aquí sigo, soñando con ver a nuestro equipo, en un futuro cercano, midiéndose con el Valencia, Barça, Real Madrid, Sevilla... ilusionándome con reabrir páginas de su historia, para vibrar en esta parcela de mi vida que tanto me apasiona, y con algo inmediato, oír al Estadio Gran Canaria rugiendo para recibir al Almería.

Hay momentos en la vida en los que los sueños y las ilusiones no deberían ser cercenados, al contrario, tendrían que ser contagiosos, llenarse de colores, y propagarse como una epidemia en aras de un final esperanzador...
“… que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son”

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