Un blog de Malena Millares

jueves, 28 de enero de 2016

ROZANDO LA SEMIFINAL

El partido de esta noche, tras el resultado de la ida (1-1), podía haberse decantado hacia el bando valenciano o hacia el canario. De antemano nadie se atrevía a presagiar lo que pasaría. Por un lado estaba el Valencia, un club de los grandes de nuestro país, muy poderoso económicamente hablando y con jugadores importantes; y enfrente la UD Las Palmas, un equipo recién ascendido que, prácticamente, juega con los mismos futbolistas de cuando militaba en la Segunda A, pero teniendo a su favor el campo, la afición, y muchas ganas de llegar a la semifinal. Nada era seguro para ninguno de los dos. Cualquier cosa podía ocurrir.

Y ocurrió que la UD tardó en meterse en el partido (¿cansancio, lesiones?), y cuando lo hizo, en los últimos treinta minutos, puso entre las cuerdas al Valencia, que retenía el juego todo lo que el árbitro, Fernández Borbalán, permitió, el que, además, se tragó un penalti muy claro, que de convertirse otro gallo nos habría cantado.

Tengo cierta magua porque mi equipo llegó a rozar la semifinal de Copa, pero también porque pasó otro con la ley del mínimo esfuerzo, sin dar la talla como uno de los mejores de nuestra liga. Había que ver, tras el pitido final, a un par de ellos tirados sobre el césped, creo que dando gracias a Dios. En fin...

Sí me produjo mucha pena escuchar a una parte de la afición silbando a Culio cada vez que tocaba la pelota. ¿Es una buena forma de proceder hacia un jugador de nuestro equipo? No hago más que pensar en lo sucedido, por muy soberana que sea la afición. Culio podrá gustarnos más o menos, le saldrán mejor o peor las transiciones de balón, pero no creo que nadie ponga en duda su entrega desde el minuto uno hasta el noventa. ¿Quizá no debió ser fichado? ¿En su momento tuvieron que fijarse en cualquier otro jugador para la plantilla y no en él? Lo cierto es que Culio forma parte de este conjunto, y creo que, mientras vista el equipaje de la Unión Deportiva Las Palmas, ni él ni ningún otro debería ser recriminado con silbidos mientras el partido se juegue, y si hay que reprochar algo, mejor al final. Ninguno se escapa de los murmullos que nos salen del alma cuando algo se tuerce, y eso ya es más que suficiente.

Nos apeamos de la Copa y le decimos adiós hasta la temporada que viene. Ahora toca darle un enorme saludo a la liga que continúa. El próximo domingo emprenderemos una nueva batalla contra el Celta.

¡Arriba d'ellos!


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